De tanto en tanto…

Otra vez ocurre.

De nuevo, con la cercanía, con la novedad, con la promesa de un nuevo comienzo.

Ya me sé la historia. Varias veces antes me han dicho lo difícil que puede ser intentar algo bajo las condiciones en las que me muevo cotidianamente. Es una estupidez.

Más sin embargo, siento. Estoy vivo. Percibo a mi alrededor. Y respondo en consecuencia. No de la mejor manera, pero si con la intención de ser feliz.

Y tu lo has de notar. Esas miradas. Esos diálogos con intenciones dobles y una atención inusual para el color y el retoque de la forma exterior, aunado a la promesa de, si algún día saboreo la gloria, poder decir «y ahora conozco todos tus secretos».

Algún día caerás por esta página. Leerás. Y sabrás que, desde las sombras, alguien prácticamente desconocido para ti empezó a desear tu bienestar y quiso apoyarte lo más que pudo, para contribuir al florecimiento de tan noble intención, acto y sentimiento, de despliegue de habilidades por el mundo y para el mundo…

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