Historias personales (1)

Al ser humano le gustan las historias. Más que los hechos en sí mismos, el cómo pasaron con lujo de detalles es lo atractivo de contarlas.

¿Por qué ocurre esto? Parte del tema tiene que ver con la reproducción del estado de la mente. Nuestra estructura mental se reproduce a sí misma a través de un relato. Un relato que sostiene la personalidad y que no necesariamente representa la totalidad de nosotros mismos.

Pero muchas veces nos creemos esas historias.

Cuando son positivas y contienen elementos que denotan superar la adversidad, adquirir una habilidad o llegar a un destino nuevo y prometedor, pueden ayudar a incrementar nuestra autoestima y mejorar nuestra imagen. Algunas de ellas miran al futuro y nos hacen albergar esperanza, que las cosas pasan y que todo puede ser mejor, siempre.

Cuando son negativas y muestran nuestras dificultades, perdidas, dolores y llanto, pueden hacernos caer en la desesperanza y el deseo de ya no continuar. Y al mirar frecuentemente a un pasado que ya no existe y que, en apariencia, siempre fue mejor, refuerza aún más la sensación de impotencia y genera el anhelo de muerte, para acabar de una vez por todas con el sufrimiento, ya que nada hay por hacer.

Afortunadamente esos relatos, tanto positivos como negativos, no están grabados en piedra. Cambian y se transforman al observar nuevos puntos de vista.

¿Cómo lograrlo?

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